BMW M5 E39

El BMW M5 E39 es probablemente uno de los mejores representantes de la familia. Para mí lo es. Por muchas razones, pero la principal es lo que hay bajo el capó: por primera (y última) vez, BMW colocó un V8 atmosférico dentro de un M5.

Pero esto pudo no haber ocurrido perfectamente. Y hay que agradecer a Mercedes que podamos hablar del M5 de 400 CV. Verás: en Múnich no estaban convencidos del todo de la necesidad de lanzar un BMW M5.

Pero en esto llegó Mercedes con un E55 AMG y todo cambió. Los 354 CV del modelo de Stuttgart llegaron para plantar cara al Audi S6, que llevaba unos años dominando en solitario el segmento de las berlinas alemanas de altísimas prestaciones y motor V8. Eso no se podía permitir.

La receta es increíble si lo miramos con los ojos de los coches nuevos de hoy: motores muy gordos, muy potentes, muy tragones… Estos modelos podían alcanzar los 20 litros a los 100 km sin despeinarse, por lo que parece que hablamos más de coches americanos que de refinados modelos de representación europeos.

El BMW M5 E39 tuvo un inicio de vida controvertido. A diferencia de sus dos predecesores, los M5 E28 y E34, el E39 se fabricó en Dingolfing junto a los demás BMW Serie 5 normales.

Pero eso no echó para atrás a la marca ni a sus compradores, que lo abrazaron con entusiasmo. Entre 1998 y 2003 se vendieron 20.482 unidades y en su día fue considerado el sedán de producción más rápido.

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